Distressed no es barato. Es que el dueño tiene un problema que no es el suelo
Si el suelo lo tiene un banco, un juzgado o una herencia de nueve hermanos, cobra quien resuelve el problema.
Un banco que necesita sacar activos del balance, una herencia que nadie quiere mover, un promotor que debe al banco, un administrador concursal que tiene que pagar a los acreedores. El suelo sale cuando alguien resuelve ese problema.
Por eso, ante un suelo de banco o de servicer, nos hacemos una pregunta honesta: ¿qué aportamos? Casi siempre, una de cinco cosas: un comprador que el vendedor no tiene, una oferta que su comité puede aprobar frente a su valor contable, urbanismo desatascado, la agrupación con la parcela del vecino o una estructura de pago.
Una de las señales más claras es la subasta que queda desierta con un banco detrás: hay un acreedor que quiere vender y un expediente público que dice quién es.
Si no aportamos ninguna de las cinco, no entramos. Si aportamos una, cobramos por ella.
El suelo bueno no se busca: se desbloquea.
Caso real, contado sin nombres ni ubicaciones exactas para proteger a propietarios, compradores y colaboradores. Guía: qué es un broker de suelo y cómo elegir uno.